Locke

Locke

John LOCKE (1632-1704) filósofo inglés considerado el padre del empirismo, dedica parte de su obra a la educación. Lo hace conectando con los intereses de una burguesía en alza que se estaba asentando en toda Europa. 

Sus Pensamientos sobre la educación, publicada en 1693, tuvo una amplia repercusión  en los círculos intelectuales de su momento y también en los pensadores posteriores metidos ya de lleno en el XVIII. Uno de los influenciados  fue Rousseau,  que, en el Emilio, los pone de manifiesto. 

Si bien su contenido  general versa sobre  cuestiones educativas globales,  establece cánones relativos a la actividad física.  Esta visión en un filósofo es novedosa porque estaba desarrollada por el pensamiento médico;  eran tiempos en los que ya habían visto la luz las obras de Méndez y de Mercurial y se recurría con frecuencia  a los textos de Galeno.

Quizás debido a esta influencia inicia este libro con una frase que encaja dentro de los principios relativos a la salud, Juvenal de por medio:

Un espíritu sano en un cuerpo sano es una descripción breve, pero completa de un estado feliz en este mundo.

Entiende que la natación debería ser disciplina obligada para la educación de niño advirtiendo de lo aconsejable de los baños en agua fría,  y se remite a los romanos diciendo que

La natación la consideraron tan necesario, que la ponían en el mismo rango que las letras

Más adelante se fija en la educación del caballero y la conveniencia del baile en la educación del niño porque afirma que su práctica integra al infante en el mundo social y le conecta con los adultos.

Hace alusión a los juegos y los juguetes sin bajarse de su empirismo. Sugiere el manejo de los juguetes y señala que éstos deben ser confeccionados por los propios niños. Esta cuestión, aunque debido a otros condicionantes, es bien recordada por los escolares de postguerra (años cuarenta y cincuenta) donde los juegos y los juguetes eran hechos por los muchachos.

En la sección XXV titulada “Los complementos” dice  que

La esgrima y el arte de montar a caballo pasan por partes tan necesarias de una buena educación, que me reprocharía como una omisión grave no hablar de ellas.

Son actividades de las que se muestra un firme partidario aunque siente preocupación por las consecuencias que sus excesos pudieran dar ocasión. Entiende que son imprescindibles para la buena educación del caballero pero tiene recelos  hacia los vicios o las demostraciones vacuas que un mal uso de ellas pudieran ocasionar.