El columpio

El columpio

El columpio

Otro de los juegos tradicionales que Goya plasmó con evidente placer fue el del columpio.

De forma reiterada y propia de los cartones,  se juega al columpio en el campo, como una actividad propia de las fiestas y alejados de un pueblo que se vislumbra al fondo.

El columpio está sujeto a dos árboles próximos y en el mismo se recrean cinco personajes teñidos de cierto sentido erótico: tres hombres jóvenes (dos de los cuales participan en el juego mientras que un tercero parece descansar en el suelo) y dos muchachas que alegremente disfrutan de la escena.

Las formas del cuadro son tan determinantes que conectan directamente con un estudioso de Goya, Claude Monet,  que, en su momento, evocaría el tema, aunque sin columpio, en su conocida comida campestre.

El juego es muy antiguo de forma que ya está citado profusamente  por autores griegos y romanos y, como no, por los autores   del siglo de Oro.

Según cita Covarrubias, en el s. XVI era muy popular y  propio de las muchachas y recurre  a  los antiguos autores Polux, y Servio para reafirmar su tradición.

Rodrigo Caro, en su obra “Días geniales y lúdricos”,  dedica un capítulo al columpio matizándolo desde su título como “Fiesta de mujeres”. Como es habitual en  él, y sobre todo en esta obra,  se remite a numerosas fuentes romanas  al mismo tiempo que recurre a Avicena y su contemporáneo Jerónimo Mercurial.